Muerte al traidor
(no hay otro destino posible)
sus hazañas de callejero indómito terminan (mal)
los recuerdos de ganador se marchitan.
En los últimos segundos
en los que la agonía marca el pulso
intenta pedir perdón
pero no hay clemencia para el que traiciona
no hay ley para el desleal
sólo un destino oscuro
de noches y días de desencuentros
y una fría sensación
del acero hundido en el pecho.